Tierra y Libertad Francia presenta el documental Operación Diablo

Proyección del documental Operación Diablo este 25 de Noviembre en París. Documental que ganó el premio en el Festival de "Cine por la Paz" Cinema for Peace, Berlin 2011, categoría DDHH.

10 Estrategias de Manipulación mediática

El lingüista Noam Chomsky elaboró la lista de las “10 Estrategias de Manipulación” a través de los medios

Tierra y Libertad Perú

Somos un movimiento político peruano que cree en la transformación social desde los movimientos sociales.

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lunes, 16 de enero de 2012

Urgencias Climáticas

La grave crisis financiera y el horror económico que padecen las sociedades europeas están haciendo olvidar que –como lo recordó, en diciembre pasado, la Cumbre del clima de Durban, en Sudáfrica– el cambio climático y la destrucción de la biodiversidad siguen siendo los principales peligros que amenazan a la humanidad. Si no modificamos rápidamente el modelo de producción dominante, impuesto por la globalización económica, alcanzaremos el punto de no retorno a partir del cual la vida humana en el planeta dejará poco a poco de ser soportable.

Hace unas semanas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció el nacimiento del ser humano número siete mil millones, una niña filipina llamada Dánica. En poco más de cincuenta años, el número de habitantes de la Tierra se ha multiplicado por 3,5. Y la mayoría de ellos vive ahora en ciudades. Por primera vez los campesinos son menos numerosos que los urbanos. Entre tanto, los recursos del planeta no aumentan. Y surge una nueva preocupación geopolítica: ¿qué pasará cuando se agrave la penuria de algunos recursos naturales? Estamos descubriendo con estupefacción que nuestro “ancho mundo” es finito...
En el curso de la última década, gracias al crecimiento experimentado por varios países emergentes, el número de personas salidas de la pobreza e incorporadas al consumo sobrepasa los ciento cincuenta millones...(1) ¿Cómo no alegrarse de ello? No hay causa más justa en el mundo que el combate contra la pobreza. Pero esto conlleva una gran responsabilidad para todos. Porque esa perspectiva no es compatible con el modelo consumista dominante.
Es obvio que nuestro planeta no dispone de recursos naturales ni energéticos suficientes para que toda la población mundial los use sin freno. Para que siete mil millones de personas consuman tanto como un europeo medio se necesitarían los recursos de dos planetas Tierra. Y para que consumieran como un estadounidense medio, los de tres planetas.
Desde el principio del siglo XX, por ejemplo, la población mundial se ha multiplicado por cuatro. En ese mismo lapso de tiempo, el consumo de carbón lo ha hecho por seis... El de cobre por veinticinco... De 1950 hasta hoy, el consumo de metales en general se ha multiplicado por siete... El de plásticos por dieciocho... El de aluminio por veinte... La ONU lleva tiempo avisándonos de que estamos gastando “más del 30% de la capacidad de reposición” de la biosfera terrestre. Moraleja: debemos ir pensando en adoptar y generalizar estilos de vida mucho más frugales y menos derrochadores.

Este consejo parece de sentido común pero es evidente que no se aplica a los mil millones de hambrientos crónicos en el mundo, ni a las tres mil millones de personas que viven en la pobreza. La bomba de la miseria amenaza a la humanidad. La enorme brecha que separa a los ricos de los pobres sigue siendo, a pesar de los progresos recientes, una de las características principales del mundo actual (2).

Esto no es una afirmación abstracta. Tiene traducciones muy concretas. Por ejemplo, en el tiempo de lectura de este artículo (diez minutos), 10 mujeres en el mundo van a fallecer durante el parto; y 210 niños de menos de cinco años van a morir de dolencias fácilmente curables (de ellos, 100 por haber bebido agua de mala calidad). Estas personas no fallecen por enfermedad. Mueren por ser pobres. La pobreza las mata. Mientras tanto, la ayuda de los Estados ricos a los países en desarrollo ha disminuido, en los últimos quince años, un 25%... Y en el mundo se siguen gastando unos 500.000 millones de euros al año en armamento...

Si en las próximas décadas tuviésemos que aumentar en un 70% la producción de alimentos para responder a la legítima demanda de una población más numerosa, el impacto ecológico sería demoledor. Además, ese crecimiento ni siquiera sería sostenible porque supondría mayor degradación de los suelos, mayor desertificación, mayor escasez de agua dulce, mayor destrucción de la biodiversidad... Sin hablar de la producción de gases de efecto invernadero y sus graves consecuencias para el cambio climático.
A este respecto, conviene recordar que unos 1.500 millones de seres humanos siguen usando energía fósil contaminante procedente de la combustión de leña, carbón, gas o petróleo, principalmente en África, China y la India. Apenas el 13% de la energía producida en el mundo es renovable y limpia (hidráulica, eólica, solar, etc.). El resto es de origen nuclear y sobre todo fósil, la más nefasta para el medio ambiente.
En este contexto, preocupa que los grandes países emergentes adopten métodos de desarrollo depredadores, industrialistas y extractivistas, imitando lo peor que hicieron y siguen haciendo los actuales Estados desarrollados. Todo lo cual está produciendo una gravísima erosión de la biodiversidad.
¿Qué es la biodiversidad? La totalidad de todas las variedades de todo lo viviente. Estamos constatando una extinción masiva de especies vegetales y animales. Una de las más brutales y rápidas que la Tierra haya conocido. Cada año, desaparecen entre 17.000 y 100.000 especies vivas. Un estudio reciente ha revelado que el 30% de las especies marinas está a punto de extinguirse a causa de la sobrepesca y del cambio climático. Asimismo, una de cada ocho especies de plantas se halla amenazada. Una quinta parte de todas las especies vivas podría desaparecer de aquí a 2050.

Cuando se extingue una especie se modifica la cadena de lo viviente y se cambia el curso de la historia natural. Lo cual constituye un atentado contra la libertad de la naturaleza. Defender la biodiversidad es, por consiguiente, defender la solidaridad objetiva entre todos los seres vivos.
El ser humano y su modelo depredador de producción son las principales causas de esta destrucción de la biodiversidad. En las últimas tres décadas, los excesos de la globalización neoliberal han acelerado el fenómeno.
La globalización ha favorecido el surgimiento de un mundo dominado por el horror económico, en el que los mercados financieros y las grandes corporaciones privadas han restablecido la ley de la jungla, la ley del más fuerte. Un mundo en el que la búsqueda de beneficios lo justifica todo. Cualquiera que sea el coste para los seres humanos o para el medio ambiente. A este respecto, la globalización favorece el saqueo del planeta. Muchas grandes empresas toman por asalto la naturaleza con medios de destrucción desmesurados. Y obtienen enormes ganancias contaminando, de modo totalmente irresponsable, el agua, el aire, los bosques, los ríos, el subsuelo, los océanos... Que son bienes comunes de la humanidad.
¿Cómo ponerle freno a este saqueo de la Tierra? Las soluciones existen. He aquí cuatro decisiones urgentes que se podrían tomar:
— cambiar de modelo inspirándose en la “economía solidaria”. Ésta crea cohesión social porque los beneficios no van sólo a unos cuantos sino a todos. Es una economía que produce riqueza sin destruir el planeta, sin explotar a los trabajadores, sin discriminar a las mujeres, sin ignorar las leyes sociales;
— ponerle freno a la globalización mediante un retorno a la reglamentación que corrija la concepción perversa y nociva del libre comercio. Hay que atreverse a restablecer una dosis de proteccionismo selectivo (ecológico y social) para avanzar hacia la desglobalización;
— frenar el delirio de la especulación financiera que está imponiendo sacrificios inaceptables a sociedades enteras, como lo vemos hoy en Europa donde los mercados han tomado el poder. Es más urgente que nunca imponer una tasa sobre las transacciones financieras para acabar con los excesos de la especulación bursátil;
— si queremos salvar el planeta, evitar el cambio climático y defender a la humanidad, es urgente salir de la lógica del crecimiento permanente que es inviable, y adoptar por fin la vía de un decrecimiento razonable.
Con estas simples cuatro medidas, una luz de esperanza aparecería por fin en el horizonte, y las sociedades empezarían a recobrar confianza en el progreso. Pero ¿quién tendrá la voluntad política de imponerlas?

NOTAS:

(1) Sólo en América Latina, como consecuencia de las políticas de inclusión social implementadas por gobiernos progresistas en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Venezuela y Uruguay, cerca de ochenta millones de personas salieron de la pobreza.

(2) En el mundo, unos 100 millones de niños (sobre todo niñas) no están escolarizados; 650 millones de personas no disponen de agua potable; 850 millones son analfabetas; más de 2 000 millones no disponen de alcantarillas, ni de retretes...; unos 3 000 millones viven (o sea se alimentan, se alojan, se visten, se transportan, se cuidan, etc.) con menos de dos euros diarios.


Fuente : Le Monde diplomatique

jueves, 12 de enero de 2012

Jean Meyer: ¿Qué nos espera? ¿Es sostenible este Mundo?

Empieza 2012 y el planeta tiene 7 mil millones de habitantes. En 1913, cuando nació mi padre, había mil 700 millones de humanos; 6 mil millones en 2000. ¿Cuántos en 2050? Se habla de 9 y de 10 para 2100. Pero una escuela demográfica piensa que la cifra podría bajar a 6, mientras que la otra se espanta con 16. Miles de millones, claro. Todo depende de muchos factores, y no solamente de los índices de fertilidad.

En todos los casos, hemos llegado al final de los ciclos de ocupación territorial que empezaron hace más de cien mil años. Vivimos de manera cotidiana al contacto los unos de los otros, en México y en el resto del mundo, entre habitantes del mismo país, y entre países. Esta densidad codo a codo va para largo, si no hay una megacatástrofe nuclear, climática o biológica. Toda la tierra está ocupada y nos encontramos frente a frente, todos los pueblos, confrontados a multitudinarias e inevitables migraciones, como al final del imperio romano. México, América Latina y el mundo entero marchan hacía Estados Unidos y Canada, África hacia el Norte, Asia hacia el Poniente y el Oriente, y todas las fronteras del mundo de nada servirán.

Y no es una catástrofe, es la vida.
¿Qué tenemos en común, estos siete mil millones que serán nueve antes de estabilizarse o disminuir? ¿En cuál mundo queremos vivir y cómo lograremos coexistir pacíficamente? ¿Sabremos trabajar en común y enriquecernos de nuestras diferencias? Algunos tienen miedo y quieren encerrarse en su castillo de la pureza nacional o racial; otros no se preocupan de nada, cuando falta inventar una idea del mundo futuro.

Aprovechemos la crisis financiera que recorre el planeta para darnos cuenta que la crisis es también intelectual y teórica, que debemos hacer una nueva lectura de este mundo, plantear las buenas preguntas, imaginar buenos proyectos. La humanidad es nuestra familia y eso impone la solidaridad; la tierra es nuestra casa, no podemos ensuciarla, menos destruirla.

Lo que nos lleva al segundo punto de prospectiva. Hasta ahora hemos jugado con el planeta, como niños inconscientes, traviesos y destructores. Basta. El recalentamiento obedecerá probablemente a muchos factores y no podemos manipular los factores cósmicos, pero los hombres somos uno de los factores y esto obliga a actuar. El nivel de los océanos ha subido 17 centímetros en el siglo XX. Las emisiones de CO2 han subido 80% en los últimos 40 años. En estas condiciones la temperatura subirá entre 1.8 y 4 grados Celsius en el siglo XXI. Si la temperatura sube más de 2.5 grados, entre 20% y 30% de las especias marinas se extinguirán. Para evitarlo, los niveles de CO2 deben estabilizarse antes de 2020. Resulta que 2010 vio el récord de emisiones de CO2 ¡Ah! Se me olvidaba: el transporte y los edificios urbanos son los mayores emisores de CO2.

A trabajar, pues, para luchar contra el recalentamiento, la contaminación generalizada y el alegre despilfarro de todos los recursos naturales. Un amigo acaba de regresar de las Amazonas y se quedó espantado de los incendios que por los cuatro vientos atacan la selva. Es sólo un ejemplo. En México seguimos pateando el pesebre y ensuciando el nido. Hace unos meses la BBC pasó un documental muy triste, ¿Quién mató las abejas? No sabía que dependemos de las abejas para la polinización de siete de los diez más importantes cultivos que alimentan a la humanidad; ahora resulta que su repentina y rápida disminución se debe, además de enfermedades y parásitos “naturales”, a la desaparición de las flores silvestres —por nuestra culpa— y a los pesticidas y otros productos que acompañan nuestra agricultura; el comentarista explicaba que no menos de 25 materias agroquímicas se encuentran en una sola abeja…

No va a ser fácil desandar el camino de los últimos siglos, pero ¿quién hizo este desastre? Los humanos. ¿Quién debe componer y reparar? Nosotros, los humanos. Los científicos dicen que se puede, si se toman decisiones firmes y sostenidas. Pero, sí, sí, hay un pero y mayúsculo.

¿Aceptarán las clases medias, que están creciendo a gran velocidad en China, India, África y demás lugares, renunciar a la meta de vivir como sus parientes occidentales? Si adoptan, como lo están haciendo, el modelo estadounidense (y europeo) de uno, dos, tres coches por familia, China tendría pronto 200 o 300 millones de carros y la India también, y si el mundo consume petróleo como Estados Unidos, respirar será un problema. No lo digo yo, repito lo afirmado por Michel Peter, responsable de negocios de Lukoil-Litasco, la petrolera no estatal más importante del mundo (El País, 17 de julio 2011). Añade: “Esa es la realidad y es lo que les digo a mis hijos, cuando me preguntan desesperados si van a vivir en un mundo horrible. Les digo que por eso los jóvenes deben trabajar duro para encontrar una solución en el futuro”.


Fuente:
http://www.alianzatex.com/nota.php?nota=N0016199


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Estados Unidos: los indignados están cambiando el panorama


El viejo Ike –que era el apodo del general de 5 estrellas, Dwight D. Eisenhower– lo dijo muy claro en 1961, cuando estaba terminando su mandato de ocho años como presidente de los Estados Unidos.

Eisenhower advirtió que el creciente poder del complejo militar industrial norteamericano, que aumentó enormemente durante la Segunda Guerra Mundial y siguió magnificándose con la de Corea, amenazaba con secuestrar la democracia estadounidense.

Él, general en jefe de las tropas norteamericanas que intervinieron en la guerra contra el nazifascismo, estaba diciendo la verdad, y podía decirla sin temor a despertar la menor sospecha. El viejo Ike era un hombre de derecha, un sólido militante del partido republicano a quien nadie en su sano juicio podía acusar de tener veleidades de izquierda. Eisenhower era un probado anticomunista que llevó adelante, con sus colaboradores, el vicepresidente Richard Nixon y los hermanos John Foster y Allen Dulles, el derrocamiento del régimen progresista de Jacobo Árbenz en Guatemala y aprobó la agresión norteamericana por Bahía de Cochinos, llevada adelante por Nixon, con la CIA, para derribar la triunfante Revolución Cubana.

Eisenhower fue esencial para acabar con el régimen nacionalista de Mossadegh, en Irán, y el de Juan Domingo Perón en la Argentina.

El derechista general advertía contra ese peligro al abandonar la presidencia de Estados Unidos, cuando ya no tenía que atender los intereses de los poderosos. Al final de su presidencia, el general quería situarse, al fin, del lado de sus electores.

Aquella advertencia ha venido corroborándose desde entonces y se hace evidentísima en los últimos años.

La OTAN –la Organización del Tratado del Atlántico Norte– fue fundada en abril de 1949 y, aunque se presentó como una organización que defendería a Occidente de la expansión militar de la URSS, apareció mucho antes de que se integrara el Pacto de Varsovia, en mayo de 1955. Que sus objetivos eran mucho más de dominación que defensivos, lo está probando el hecho de la supervivencia y el permanente fortalecimiento y crecimiento de esta alianza militar, pese a que el Pacto de Varsovia dejó de existir en 1991.

El complejo militar industrial es una poderosísima entidad productora de toda clase de armas que necesita de la constante expansión de la actividad bélica estadounidense y de sus aliados de la OTAN, que Estados Unidos lidera sin ninguna clase de duda.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos libró dos largas y costosísimas guerras –Corea y Vietnam– que debieron ser sufragadas por los contribuyentes norteamericanos para el exclusivo beneficio del complejo militar industrial. Entonces se invocaba el peligro del comunismo y de su expansión mundial. Cuando desaparecieron el campo socialista europeo y la propia Unión Soviética, el cantautor español Joaquín Sabina celebró el fin de la “guerra fría” y el advenimiento de una era donde dominarían la gastronomía, la peluquería y la bisutería. Cómo se engañaba el amigo Joaquín.

En lugar de ello vinieron más guerras, y ya no frías: George Bush lanzó la guerra del golfo pérsico, para oponerse a la brutal anexión de Kuwait por Saddan Hussein; la OTAN, bajo la presidencia de Bill Clinton, apoyó el despojo de Kosovo por los inmigrantes albaneses, pera acabar de sellar el desmembramiento de la socialista Yugoslavia.

El derribo de las torres gemelas encontró al fin en el terrorismo, el reemplazo, como pretexto, del desparecido comunismo . Un hombre, Osama Bin Laden, supuesto perpetrador intelectual del atentado neoyorkino, fue perseguido con dos guerras, contra Afganistán e Irak, que han matado muchos más inocentes que los que murieron en el World Trade Center. Al final, mucho después, Osama vino a ser asesinado en Pakistán, sin permitirle hablar. Así ha sido ultimado Muamar el Ghadafi, que había costeado la campaña electoral de su perseguidor Nicolás Zarkozy, y claro que no debía revolver esos lodos en un juicio internacional.

Como hicieron los militares chilenos y argentinos que Estados Unidos promovió en los años setenta, la OTAN también ha comenzado a ejecutar, o a permitir ejecutar, sin juicio.

El presidente Barack Obama triunfó en la últimas elecciones presidenciales norteamericanas, prometiendo el fin de dos guerras fraguadas por Bush y que sin embargo él ha mantenido. Los noruegos le dieron el Premio Nóbel de la Paz por lo que prometió: no se lo podrían conceder por lo que ha hecho.

A Obama lo buscaron con muchísimo cuidado: era simpático, inteligente, liberal y encima de eso, negro. Hace el mismo trabajo que el tonto texano rubio George W. Bush, pero con un donaire que, si uno no mira bien, apenas si se nota lo que hace.

Como vaticinara el general Eisenhower, el poderío del complejo militar industrial ha terminado por secuestrar la democracia estadounidense. Los secretarios de defensa nortamericanos son, desde antes de ejercer como jefes del Pentágono, hombres de la industria militar. Cuando cesen como políticos, ejercerán como ejecutivos de ese gigantesco negocio, al que han servido durante su mandato. Mientras el complejo sea lo que es, los Estados Unidos tendrán una guerra andando y otra incubándose.
Representantes, senadores, ministros, presidentes, no responden a sus electores sino a esos intereses.

Franklin Delano Roosevelt quiso equilibrar las desigualdades que el capitalismo genera. Estableció que quien más ingresara, pagara impuestos mayores que los ciudadanos más humildes. Esos impuestos financiaban los servicios vitales que los pobres no pueden costearse con la facilidad de los ricos. Pagaban los servicios médicos, pagaban los subsidios que el trabajador percibía cuando quedaba sin empleo, pagaban una educación de calidad accesible a todos los ciudadanos; procuraban préstamos que podían necesitar los norteamericanos de clase media y obrera. Con todo sentido, se le llamó a ese sistema Social Security (Seguridad Social).

Roosevelt no era un socialista. Sus reformas estaban concebidas para lo que consiguieron: fortalecer la estabilidad del capitalismo en los Estados Unidos amortiguando la desigualdad económica y reduciendo la lucha ideológica entre ricos y pobres. Los capitalistas más obtusos lo odiaban. Debieron venerarlo por lo que hizo por ellos.

La clase política que llevará adelante las guerras que la industria militar reclama, aprendió la lección de Vietnam. El norteamericano necesita una motivación patriótica para arriesgarse a morir en una guerra y no puede tolerar la muerte de sus hijos por un causa que no comprende.

Tuvo sobradamente esa motivación en la lucha contra el fascismo. Se consiguió en parte con la propaganda en tiempos de la guerra de Corea. Vietnam fue el punto de giro. Nunca pudieron convencer a los estadounidenses de que Vietnam representaba una amenaza para su país, ni que su gobierno apoyaba las mejores causas en el sudeste asiático.. Los jóvenes que debían ser reclutados por el Servicio Militar Obligatorio, quemaban sus tarjetas para no ir a una guerra que rechazaban. Hubo miles de jóvenes estadounidenses emigrados a Suecia y Canadá.

Ahora, el reclutamiento obligatorio ha desaparecido. Los muchachos norteamericanos no están forzados a ir al frente. Los soldados son “contratistas”, que claro que no están entre los jóvenes de buenas familias. Son gente pobre que arriesga la vida por dinero; inmigrantes indocumentados a quienes se les promete la ciudadanía… si combaten y sobreviven. Los vietnamitas derribaron más de tres mil bombarderos durante aquella guerra: ahora, bombardean aviones sin piloto.

Pero los recortes neoliberales –el dinero no alanza para las guerras y para la paz– hacen crecer aceleradamente el desempleo y la imposibilidad de adquirir una educación apropiada; no hay una adecuada atención a la salud de millones de norteamericanos; los ancianos que han trabajado toda la vida, ven postergarse el momento de la jubilación y reducirse el monto de las pensiones que obtendrán; los veteranos de Vietnam ven repetirse la historia que sufrieron.

Inesperadamente, la guerra que los políticos quieren mantener tan alejada como lo están las naciones que atacan, se está librando en la propia vecindad: jóvenes, ancianos, jubilados, desempleados, veteranos de guerra, mujeres salen a las calles y exigen a gritos sus derechos, reclaman una democracia real y son gaseados, derribados con potentes chorros de agua, golpeados, arrastrados, pateados por una policía que parece haber encontrado a sus enemigos no en Afganistán ni en Libia, sino en el downtown de las grandes ciudades norteamericanas.

El secular bipartidismo estadounidense se está yendo por el sumidero. Si da lo mismo que gobierne el liberal Obama que el cavernícola Mitt Romney, las elecciones pueden irse ya se sabe a dónde.

Los Indignados están verificando que, además de la guerra contra Al Qaeda, contra los talibanes, contra los iraquíes, hay otra guerra contra ellos y que no tienen políticos a los cuales apelar ni un presidente de recambio. Por ello, están demandando que se prohíban todas las contribuciones económicas a las campañas electorales, porque esos que los financian, son los verdaderos electores a los que responden representantes, senadores, alcaldes, gobernadores y presidentes.

Están aproximándose a la raíz del problema.

Este movimiento espontáneo que son los Indignados, que es una arremetida contra un orden que sienten como enemigo, acaso no se ha preguntado todavía el por qué la tradicional democracia norteamericana ha dejado de trabajar para su pueblo, y ha sido ocupada por los banqueros. Sólo las mentes más lúcidas lo ven.

En una reciente carta a sus compañeros ocupas, Michael Moore está poniéndoles las cosas en claro:

El 1 % consiguió formar dos partidos que le obedecieran.
¿Cómo es posible que el 1 % de la población tenga dos
partidos y el resto, ninguno? Eso también debe cambiar.

“Recuperar el país para la mayoría”, ya es un modo de pensar que quiere convertir la espontánea “indignación” en una fuerza que eche abajo un orden que ha desposeído al 99% de los estadounidenses. Si se empeñan, pueden conseguirlo: pueden recuperar la nación que los millonarios han secuestrado.

por Guillermo Rodríguez Rivera
Fuente : Blog Segunda Cita

lunes, 28 de noviembre de 2011

Europa en crisis terminal. La generación política no está a la altura


Entrevista a Ignacio Ramonet (director de la edición española de 'Le Monde Diplomatique') por Público.

"La mundialización financiera ha creado su propio Estado. Un poder sin sociedad. Este rol es ejercido por los mercados ... Las sociedades realmente existentes son sociedades sin poder. Y todo esto no deja de agravarse". Este texto tiene 14 años. En diciembre de 1997, Le Monde Diplomatique publicaba el editoral del director de su versión en español, Ignacio Ramonet, Desarmad los mercados financieros. Una alerta que sería germen del movimiento Attac, hoy presente en 40 países, que lucha por la creación de una tasa a las transacciones financieras mundiales (inspirada en la Tasa Tobin) para ir echando "granos de arena" en el engranaje de la especulación. 14 años después, dos países del Viejo Continente han visto cómo sus gobiernos elegidos en las urnas eran sustituidos por unos gestores de quiebras mientras el resto atribuye al mercado decisiones y recortes. Europa vive un"golpe de estado financiero".

¿Se cae Europa?

Es un momento extremadamente delicado. Da la sensación de que no hay a la cabeza una generación política a la altura de la crisis apocalíptica que estamos viviendo. Y no nos hemos sorprendido lo suficiente de que, en los últimos meses, Alemania y Francia hayan asumido un poder que nadie les ha dado. Hemos leído: Rajoy habla con Merkel'. ¿Lo primero que hace el vencedor de unas elecciones con un resultado abrumador es llamar al jefe? No estamos en un Estado federal. España no es Dakota ni Berlín, Washington. Pero manda Merkel con Sarkozy de coartada.

Hay quien dice que Merkel asume el liderazgo porque no hay otro poder fuerte.

Si Merkel es quien está pilotando la crisis, el resultado es muy malo. Grecia va cada vez peor. Su PIB es el 3% de la zona del euro. Cuando estalló la crisis, se podía haber solucionado con un pequeño esfuerzo económico. Ahora, la gangrena ha subido. Austria y Francia tienen triple A (máxima calificación en su deuda) y las atacan. No se sabe si el euro será capaz de resistir. A Portugal se le ha impuesto una cura de caballo, se le ha impuesto la recesión y como resultado, le acaban de volver a bajar el rating. Esto no funciona.

¿Tampoco para Alemania?

Los alemanes se van a despertar dentro de poco constatando que la mayoría de los países europeos no compran. Y que ellos no exportan.

¿Por qué no lo ven?

No están a la altura. Están aplicando recortes de manual a situaciones que no se corresponden. Están alentando a los mercados a seguir ejerciendo presión. Los mercados están desbocados porque durante años ha habido una desregulación que les dejó hacer lo que querían. Los políticos prometieron cambiarla en el G-20. Sarkozy prometió la tasa a las transacciones. Pero los mercados no quieren y no se adopta.

¿A qué nos enfrentamos?

Si seguimos así, la primera amenaza es que no estamos seguros de que el euro vaya a resistir. Nadie puede afirmar que seguirá siendo lo que es dentro de tres meses o de un año. Mucha gente apuesta por que desaparecerá o quedará restringido al área de influencia de Alemania.

¿Europa se ha convertido en la primera ficha de un nuevo dominó?

La crisis de la deuda europea puede tener incidencia a escala global. Muchos se han olvidado, entre ellos Alemania, de que la globalización es la articulación de todos los mercados. Si la zona euro entra en congelación por la austeridad, no se potenciará el consumo. Ya hay en Europa 23 millones de desempleados cinco millones en España y 80 millones de pobres, personas que no consumen. El mundo funciona con dos motores, dos grandes centros de consumo: EEUU y la Unión Europea, ambos amenazados por la recesión. Si se paran, China va a fabricar menos. De hecho, el ritmo de crecimiento chino ya ha bajado. Si China deja de importar, dejará de comprar también materias primas, los minerales que compra a Perú y Chile y los productos agrícolas que compra a Brasil y Argentina. Esos países dejarán de crecer. Y en 2013 o 2014 podemos encontrarnos con una recesión internacional.

¿Puede el mundo soportarlo?

La pregunta es, si la recesión se prolonga en Europa, hasta dónde soportarán las sociedades europeas la purga a la que se está sometiendo a la población. Cuánto va a crecer la extrema derecha, cuánto la protesta social. La historia no se detiene y esto es un golpe de Estado financiero. Los mercados han decidido tomar el poder. En Grecia e Italia, la evidencia es total. Se han colocado personas que han trabajado de uno u otro modo con Goldman Sachs, especialista en colocar a su gente en puestos de poder, pero ahora al frente de países.

¿Qué se puede hacer?

La sociedad debe reflexionar para seguir defendiendo que otras soluciones son posibles. Hay que volver a planteamientos keynesianos (estimular el crecimiento económico inyectando dinero público). No lo digo yo. Lo dicen (Paul) Krugman y (Joseph) Stiglitz. Hay que hacer políticas anticíclicas, encontrar soluciones para salir de la situación. Veo difícil que se adopten en el contexto actual pero, si los gobiernos no se deciden, vamos a la catástrofe. Quizás si Francia pierde la triple A, Alemania verá que se hunde la última barrera que los protege. Los eurobonos podrían ser una solución a la crisis de la deuda, pero por otro lado habría que prohibir los hedge funds (fondos de alto riesgo), implantar la tasa a las transacciones, no operar con bancos que utilicen paraísos fiscales. Quién lo va a hacer si no hay autoridad. El euro es la única moneda que no está respaldada por una autoridad política, no tiene Gobierno y los mercados se han dado cuenta, han visto que se podían enriquecer fácilmente.

¿Por qué arrasa la derecha en Europa si trae recortes aún mayores que los que se han visto?

Es posible que una parte de la sociedad, teniendo en cuenta que muchos medios de comunicación dominantes insisten en que la línea de la ortodoxia es la única, acepten la idea de los recortes. El pánico a que el euro desaparezca genera mucha disciplina. Se ha visto en Catalunya en estas elecciones. Una parte del electorado piensa que es o recortes o caos, y votan recortes. El problema es qué pasará cuando no pase nada. Cuando los sacrificios no hayan puesto fin a la situación de crisis. Esa es la preocu-pación.

¿Piden realmente los mercados ajustes y reformas, teniendo en cuenta que no funcionan?

Los mercados no saben lo que quieren. No hay un objetivo concreto. Buscan ganar dinero. Pero es posible que la especulación acabe por destruir el sistema.

Fuente :
Público.es

viernes, 11 de noviembre de 2011

Rebelión mundial contra el neoliberalismo

La inició Mohamed Bouazizi, el vendedor ambulante de Túnez, quien se volcó encima un líquido inflamable y se prendió fuego, como protesta porque la policía le quitó su mercancía. Las llamas de ese fuego están incendiando el mundo capitalista.

Primero provocaron la insurrección del pueblo tunecino que derribó al gobierno. Se contagió Egipto donde también bajaron al gobierno, luego el movimiento se extendió a otros países árabes donde todavía se combate. La OTAN interviene en Libia para tener bajo su control al gobierno entrante, pretende hacerlo también en Siria.

La rebelión saltó a la Puerta del Sol en Madrid con el nombre de 15M (se inició el 15 de mayo), se extendió a muchas ciudades, pasó a la sufrida Grecia y a otros países europeos y hace poco a Nueva York, donde se denominó Ocupa Wall Street, símbolo mundial de las finanzas, de donde se desparramó por otras ciudades de Estados Unidos.

Un salto adelante se dio con la movilización mundial del 15 de octubre, día en que se realizaron manifestaciones multitudinarias en 951 ciudades de 82 países contra el sistema capitalista. La expresión genial de los norteamericanos es: “Somos el 99% que lucha contra el 1% que gobierna el mundo en su beneficio egoísta.”

Neoliberalismo

El neoliberalismo ha globalizado la desocupación y lo sigue haciendo, no sólo con el reemplazo de mano de obra por la tecnificación, sino por el aumento de la edad de la jubilación, lo que por una parte perjudica a los ancianos y por otra a los jóvenes, pues disminuye los puestos vacantes.

En los países ricos del llamado “primer mundo”, ante la crisis provocada por las empresas financieras y bancos, la actitud de los gobiernos fue premiarlos obsequiándoles grandes cantidades de dinero proveniente de las arcas públicas. Ahora, ante las nuevas dificultades económicas, en lugar de aumentar el impuesto a los millonarios, cargan el peso sobre las mayorías de la población, disminuyendo el presupuesto para salud, educación y otros servicios públicos como ayuda a los discapacitados, a los ancianos, a las madres solteras. Para ahorrar dinero despiden a numerosos servidores públicos. Personas que hipotecaron sus viviendas calculando que podrían pagar dicha hipoteca, al verse despedidos o elevados los precios, pierden su vivienda y además tienen que pagar el dinero recibido.

En los países llamados “en desarrollo”, la situación de hambre y miseria es peor. El Perú se ha desindustrializado, eso mismo sucede en otros países, las cosas suben y el salario no, lo que significa disminución del salario relativo. Además por la tercerización o sistema de “services” en que quien contrata a los trabajadores no es la fábrica, sino otra empresa, no se puede pedir aumento de salarios al dueño de la fábrica.

Otra carga que sufrimos principalmente los países pobres, además del calentamiento global que afecta al mundo, es el fuerte ataque a la naturaleza mediante la economía extractivista que proporciona millones a las grandes empresas multinacionales. La Madre Tierra es asolada en forma inmisericorde por la extracción de hidrocarburos, la minería a cielo abierto, las carreteras y vías rápidas, la agroindustria, las represas, etc. Todo esto se hace en nombre del “desarrollo” y el “progreso”. Lo único que desarrolla son los grandes caudales de las empresas multinacionales y los sobornos que como premio reciben los gobernantes. El campesinado, indígena y no indígena, sufre el despojo del agua y de la tierra, hundiéndose en mayor miseria. Por eso ofrenda su vida como lo hizo en Bagua, en Islay, en Juliaca.

Estos males, en los países árabes, tienen el agregado de estar regidos por dictadores que impunemente, sin permitir crítica alguna, cometen todos los atropellos imaginables. Fue ante esto que estallaron esos países.

El gobierno del mundo y de los países está cada vez menos en los estados, cada día más débiles. Paulatinamente se hace más fuerte el gobierno de las multinacionales.

Las guerras son impulsadas por la industria bélica.

Cada día hay más privatizaciones, no sólo en los países pobres, sino también en los países ricos.

La privatización de la educación encendió la lucha de los estudiantes chilenos y colombianos. Los combatientes en las guerras, en su mayoría son empleados por compañías privadas. Las cárceles también están en manos de compañías privadas. En el Perú pertenece al pasado la atención estatal del correo, la electricidad, el impuesto en las carreteras, el ferrocarril, etc.

El levantamiento

Es contra todo eso que se levantan los pueblos, se inició con la “primavera árabe” y se extendió al llamado “primer mundo” con l@s indignad@s y con “Ocupa Wall Street”.

También la rebelión se presenta en el resto del mundo, como lo constatamos con las luchas en nuestro país, especialmente en defensa del agua y de la vida.

Aunque todavía no está suficientemente organizada la rebelión para demostrar su eficacia contra el sistema imperante, ha avanzado mucho.

Uno de los aspectos que debemos destacar es el renacimiento de la solidaridad colectivista que caracteriza a las comunidades indígenas del mundo, como el ayllu aymara y quechua, contra el egoísmo individualista en que nos educa el sistema capitalista.

La organización de l@s indignnad@s en España y la de Estados Unidos, nos muestra que en las plazas ocupadas, no hay dirigentes pero sí buena organización, existen encargados de la alimentación, de la basura, de la biblioteca, del cuidado de la salud, de la atención a los niños, de traducción a los sordomudos, etc.

Además, como se ve en otro artículo de esta misma edición, en Grecia crece la solidaridad: Los médicos en huelga atienden gratuitamente, los empleados del sistema eléctrico reconectan gratuitamente lo que había sido desconectado por falta de pago.

Leemos: “Las asambleas populares barriales en lugar de diseñar en papel la “otra sociedad”, ya se ponen a organizar la solidaridad cotidiana para quienes están en huelga, para quienes más están sufriendo por la crisis económica, para los vecinos, para los más débiles.”

En Madrid la población de un barrio expulsó a la policía que pretendía capturar a un indocumentado, a los gritos de “¡Ningún ser humano es ilegal!”.

También en España se impide los desalojos de su vivienda a personas que no pudieron pagar la hipoteca porque quedaron sin trabajo. En Granada hay un movimiento llamado “Granada Stop Desahucios”.

En una pancarta se leía: “Tú me interesas mucho”. Se ve que el egoísmo es artificialmente implantado y que la naturaleza humana es solidaria.

Críticas

Hay quienes critican la falta de liderazgo. Nosotros vemos como un mérito, no como una deficiencia, el que se haya llegado a una organización profundamente democrática en que TODOS mandan, en que se ha superado el concepto jerarquizante impuesto por la sociedad de clases: que unos nacieron para mandar y otros para obedecer.

También se critica la ausencia de un programa acabado. Comprendemos que como no hay una élite sabia que lo elabore, y que tiene que ser hecho por consenso, necesariamente es lento el avance, pero lo principal está dicho, la lucha es del 99% que es aplastada por el 1% de la población mundial. Como dijo Vandana Shiva, la activista india, y fue repetido por los intelectuales que firmaron un documento de apoyo al movimiento en Madrid: “El G8 debe ser sustituido por la humanidad completa, el G7,000’000,000”.

El resto del programa avanza en forma lenta pero sólida, como vemos en las acciones mencionadas.

Conclusión

Marx dijo que como la clase obrera se enfrentaba directamente contra la burguesía, era la llamada a ser la vanguardia de la lucha de la sociedad contra el capitalismo. Consideramos que tenía completa razón.

Él tambíén nos enseñó que ver la realidad valía más que leer cien libros.

Siguiendo esta recomendación, abrimos los ojos y vemos en todo el mundo el ataque directo y feroz del capitalismo a toda la humanidad, repitamos lo manifestado arriba: Por el creciente calentamiento global que lleva al extermino de la humanidad, por el fuerte ataque a la naturaleza en muchas otras formas: Minería a cielo abierto, hidroeléctricas, industria alimentaria, extracción de hidrocarburos, construcción de vías de comunicación, energía atómica, agujereo de la capa de ozono, contaminación industrial del agua, etc.

Por otra parte: Recorte del presupuesto de salud, educación y otros beneficios sociales pagados con el dinero dado por la sociedad, para convertirlos en negocio privado cuyo único interés es el lucro y no la atención de las necesidades del consumidor, alza de precios, envenenamiento de toda la población con transgénicos y químicos elaborados por la industria alimentaria, desalojos de las viviendas, corte del servicio eléctrico, etc.

Siendo así, estando toda la humanidad directamente agredida por el capital en múltiples formas, corresponde a ella constituirse en su propia vanguardia.

Estamos dando los primeros pasos en ese sentido, a través de nuestras luchas colectivas en defensa del agua y de la vida, de la “primavera árabe”, de l@s indignad@s, de “Ocupa Wall Street”, etc.

Estos movimientos nos muestran que todavía es posible salvar de la extinción a nuestra especie.

* Por Hugo Blanco (Revista Lucha Indígena)

jueves, 14 de julio de 2011

La crisis ideológica del Capitalismo occidental

Por Joseph Stiglitz - Premio Nobel de Economía


Tan sólo unos años atrás, una poderosa ideología –la creencia en los mercados libres y sin restricciones– llevó al mundo al borde de la ruina. Incluso en sus días de apogeo, desde principios de los años 80 hasta el año 2007, el capitalismo desrregulado al estilo estadounidense trajo mayor bienestar material sólo para los más ricos en el país más rico del mundo. De hecho, a lo largo de los 30 años de ascenso de esta ideología, la mayoría de los estadounidenses vieron que sus ingresos declinaban o se estancaban año tras año.


Es más, el crecimiento de la producción en los Estados Unidos no fue económicamente sostenible. Con tanto del ingreso nacional de los EEUU yendo destinado para tan pocos, el crecimiento sólo podía continuar a través del consumo financiado por una creciente acumulación de la deuda.
Yo estaba entre aquellos que esperaban que, de alguna manera, la crisis financiera pudiera enseñar a los estadounidenses (y a otros) una lección acerca de la necesidad de mayor igualdad, una regulación más fuerte y mejor equilibrio entre el mercado y el gobierno. Desgraciadamente, ese no ha sido el caso. Al contrario, un resurgimiento de la economía de la derecha, impulsado, como siempre, por ideologías e intereses especiales, una vez más amenaza a la economía mundial –o al menos a las economías de Europa y América, donde estas ideas continúan floreciendo.
En los EEUU, este resurgimiento de la derecha, cuyos partidarios, evidentemente, pretenden derogar las leyes básicas de las matemáticas y la economía, amenaza con obligar a una moratoria de la deuda nacional. Si el Congreso ordena gastos que superan a los ingresos, habrá un déficit, y ese déficit debe ser financiado. En vez de equilibrar cuidadosamente los beneficios de cada programa de gasto público con los costos de aumentar los impuestos para financiar dichos beneficios, la derecha busca utilizar un pesado martillo –no permitir que la deuda nacional se incremente, lo que fuerza a los gastos a limitarse a los impuestos.


Esto deja abierta la interrogante sobre qué gastos obtienen prioridad –y si los gastos para pagar intereses sobre la deuda nacional no la obtienen, una moratoria es inevitable. Además, recortar los gastos ahora, en medio de una crisis en curso provocada por la ideología de libre mercado, simple e inevitablemente sólo prolongaría la recesión.


Hace una década, en medio de un auge económico, los EEUU enfrentaba un superávit tan grande que amenazó con eliminar la deuda nacional. Incosteables reducciones de impuestos y guerras, una recesión importante y crecientes costos de atención de salud –impulsados en parte por el compromiso de la administración de George W. Bush de otorgar a las compañías farmacéuticas rienda suelta en la fijación de precios, incluso con dinero del gobierno en juego– rápidamente transformaron un enorme superávit en déficits récord en tiempos de paz.

Los remedios para el déficit de EEUU surgen inmediatamente de este diagnóstico: se debe poner a los Estados Unidos a trabajar mediante el estímulo de la economía; se debe poner fin a las guerras sin sentido; controlar los costos militares y de drogas; y aumentar impuestos, al menos a los más ricos. Pero, la derecha no quiere saber nada de esto, y en lugar de ello, está presionando para obtener aún más reducciones de impuestos para las corporaciones y los ricos, junto con los recortes de gastos en inversiones y protección social que ponen el futuro de la economía de los EEUU en peligro y que destruyen lo que queda del contrato social. Mientras tanto, el sector financiero de EEUU ha estado presionando fuertemente para liberarse de las regulaciones, de modo que pueda volver a sus anteriores formas desastrosas y despreocupadas de proceder.
Pero las cosas están un poco mejor en Europa. Mientras Grecia y otros países enfrentan crisis, la medicina en boga consiste simplemente en paquetes de austeridad y privatización desgastados por el tiempo, los cuales meramente dejarán a los países que los adoptan más pobres y vulnerables. Esta medicina fracasó en el Este de Asia, América Latina, y en otros lugares, y fracasará también en Europa en esta ronda. De hecho, ya ha fracasado en Irlanda, Letonia y Grecia.

Hay una alternativa: una estrategia de crecimiento económico apoyada por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

El crecimiento restauraría la confianza de que Grecia podría reembolsar sus deudas, haciendo que las tasas de interés bajen y dejando más espacio fiscal para más inversiones que propicien el crecimiento. El crecimiento por sí mismo aumenta los ingresos por impuestos y reduce la necesidad de gastos sociales, como ser las prestaciones de desempleo. Además, la confianza que esto engendra conduce aún a más crecimiento.

Lamentablemente, los mercados financieros y los economistas de derecha han entendido el problema exactamente al revés: ellos creen que la austeridad produce confianza, y que la confianza produce crecimiento. Pero la austeridad socava el crecimiento, empeorando la situación fiscal del gobierno, o al menos produciendo menos mejoras que las prometidas por los promotores de la austeridad. En ambos casos, se socava la confianza y una espiral descendente se pone en marcha.

¿Realmente necesitamos otro experimento costoso con ideas que han fracasado repetidamente? No deberíamos, y sin embargo, parece cada vez más que vamos a tener que soportar otro. Un fracaso en Europa o en Estados Unidos para volver al crecimiento sólido sería malo para la economía mundial. Un fracaso en ambos lugares sería desastroso –incluso si los principales países emergentes hubieran logrado un crecimiento auto-sostenible. Lamentablemente, a menos que prevalezcan las mentes sabias, este es el camino al cual el mundo se dirige.


[Fuente: Globedia]

viernes, 1 de julio de 2011

No es Grecia. Es el capitalismo



Los medios, las consultoras, los economistas, los bancos de inversión, los presidentes de los bancos centrales, los ministros de hacienda, los gobernantes no hacen otra cosa que hablar de “la crisis griega”. Ante tanta vocinglería mal intencionada es oportuno parafrasear aquella frase de campaña de Bill Clinton para decir e insistir que la crisis es del capitalismo, no de Grecia. Que este país es uno de los eslabones más débiles de la cadena imperialista y que es a causa de ello que por allí hacen eclosión las contradicciones que lo están carcomiendo irremisiblemente.


La alarma de los capitalistas, justificada sin dudas, es que el derrumbe de Grecia puede arrastrar a otros países como España, Irlanda, Portugal y comprometer muy seriamente la estabilidad económica y política de las principales potencias de la Unión Europea. Según informa la prensa financiera internacional, representativa de los intereses de la “comunidad de negocios” (léase: los gigantescos oligopolios que controlan la economía mundial) la resistencia popular a las brutales medidas de austeridad propuestas por el ex presidente de la Internacional Socialista y actual primer ministro griego, Georgios Andreas Papandreu, amenazan con arrojar por la borda todos los estériles esfuerzos hasta ahora realizados para paliar la crisis. La zozobra cunde en el patronato ante las dificultades con que tropieza Atenas para imponer las brutales políticas exigidas por sus supuestos salvadores. Con toda razón y justicia los trabajadores no quieren hacerse cargo de una crisis provocada por los tahúres de las finanzas, y la amenaza de un enorme estallido social, que podría reverberar por toda Europa, tiene paralizada a las dirigencias griega y europea.


La inyección de fondos otorgada por el Banco Central Europeo, el FMI y los principales países de la zona euro no han hecho sino agravar la crisis y fomentar los movimientos especulativos del capital financiero. El resultado más visible ha sido acrecentar la exposición de los bancos europeos ante lo que ya aparece como un inevitable default griego. Las conocidas recetas del FMI, el BM y el Banco Central Europeo: reducción de sueldos y jubilaciones, despidos masivos de empleados públicos, remate de empresas estatales y desregulación de los mercados para atraer inversiones han surtido los mismos efectos padecidos por varios países de América Latina, notablemente la Argentina. Parecería que el curso de los acontecimientos en Grecia se encamina hacia un estrepitoso derrumbe como el que conocieran los argentinos en diciembre del 2001. Dejando de lado algunas obvias diferencias hay demasiadas semejanzas que abonan este pronóstico. El proyecto económico es el mismo, el neoliberalismo y sus políticas de shock ; los actores principales son los mismos: el FMI y los perros guardianes del imperialismo a escala global; los ganadores son los mismos: el capital concentrado y muy especialmente la banca y las finanzas; los perdedores son también los mismos: los asalariados, los trabajadores y los sectores populares; y la resistencia social a esas políticas tiene la misma fuerza que supo tener en la Argentina. Es difícil imaginar un soft landing, un aterrizaje suave, de esta crisis. Lo previsible y lo más probable es precisamente lo contrario, tal como ocurrió en el país sudamericano.


Claro que a diferencia de la crisis argentina, la griega está destinada a tener un impacto global incomparablemente mayor. Por eso el mundo de los negocios contempla con horror el posible “contagio” de la crisis y sus devastadores efectos entre los países del capitalismo metropolitano. Se estima que la deuda pública griega asciende a 486.000 millones de dólares y que representa un 165 % del PIB de ese país. Pero tal cosa ocurre en una región, la “eurozona” en donde el endeudamiento ya asciende al 120 % del PIB de los países del euro, con casos como Alemania con un 143 %, Francia, 188 % y Gran Bretaña con el 398 %. No debe olvidarse, además, que la deuda pública de Estados Unidos ya asciende al cien por ciento de su PBI. En una palabra: el corazón del capitalismo global está gravemente enfermo. Por contraposición la deuda pública china en relación a su gigantesco PBI es de apenas el 7 %, la de Corea del Sur 25 % y la de Vietnam 34 %. Hay un momento en que la economía, que siempre es política, se transforma en matemática y los números cantan. Y la melodía que entonan dicen que aquellos países están al borde de un abismo y que su situación es insostenible. La deuda griega -exitosamente disimulada en su gestación y desarrollo gracias a colusión criminal de intereses entre el gobierno conservador griego de Kostas Karamanlis y el banco de inversión favorito de la Casa Blanca, Goldman Sachs- fue financiada por muchos bancos, principalmente en Alemania y, en menor medida, Francia. Ahora son acreedores de papeles de una deuda que la calificadora de riesgo Standard & Poor's (S&P) calificó con la peor nota del mundo: CCC, es decir, tienen acreencias sobre un deudor insolvente y que no tiene condiciones de pagar. En igual o peor posición se encuentra el ultraneoliberal Banco Central Europeo, razón por la cual un default griego tendría consecuencias cataclísmicas para este verdadero ministro de finanzas de la Unión Europea, situado al margen de cualquier control democrático. Las pérdidas que originaría la bancarrota griega no sólo comprometería a los bancos expuestos sino también a los países en problemas, como España, Irlanda, Italia y Portugal, que tendrían que afrontar el pago de intereses mucho más elevados que los actuales para equilibrar sus deterioradas finanzas. No hace falta mucho esfuerzo para imaginar lo que sucedería si se produjese, como se teme, una cesación unilateral de pagos griega, cuyo primer impacto daría en la línea de flotación de la locomotora europea, Alemania.


Los problemas de la crisis griega (y europea) son de origen estructural. No se deben a errores o a percances inesperados sino que expresan la clase de resultados previsibles y esperables cuando la especulación y el parasitismo rentístico asumen el puesto de comando del proceso de acumulación de capital. Por algo en el fragor de la Gran Depresión de los años treintas John Maynard Keynes recomendaba, en su célebre Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, practicar la eutanasia del rentista como condición indispensable para garantizar el crecimiento económico y reducir las fluctuaciones cíclicas endémicas en el capitalismo. Su consejo fue desoído y hoy son aquellos sectores los que detentan la hegemonía capitalista, con las consecuencias por todos conocidas. Comentando sobre esta crisis el Istvan Meszaros decía hace pocos días que “una crisis estructural requiere soluciones estructurales”, algo que quienes están administrando la crisis rechazan terminantemente. Pretenden curar a un enfermo en gravísimo estado con aspirinas. Es el capitalismo el que está en crisis y para salir de ella se torna imprescindible salir del capitalismo, superar cuanto antes un sistema perverso que conduce a la humanidad al holocausto en medio de enormes sufrimientos y una depredación medioambiental sin precedentes. Por eso la mal llamada "crisis griega" no es tal; es, en cambio, el síntoma más agudo de la crisis general del capitalismo, esa que los medios de comunicación de la burguesía y el imperialismo aseguran desde hace tres años que ya está en vías de superación, pese a que las cosas están cada vez peor. El pueblo griego, con su firme resistencia, demuestra estar dispuesto a acabar con un sistema que ya es inviable no en el largo sino en el mediano plazo. Habrá que acompañarlo en su lucha y organizar la solidaridad internacional para tratar de evitar la feroz represión de que es objeto, método predilecto del capital para solucionar los problemas que crea su desorbitada voracidad.


Tal vez Grecia, que hace más de dos mil quinientos años inventó la filosofía, la democracia, el teatro, la tragedia y tantas otras cosas, pueda volver sobre sus fueros e inventar la revolución anticapitalista del siglo veintiuno. La humanidad le estaría profundamente agradecida.




Por Atilio A. Boron


Fuente : Rebelión

miércoles, 30 de marzo de 2011

Otro mundo es posible (Esther Vivas - España)

"Se empieza por indignarse, luego rebelarse y actuar colectivamente"

Entrevista a Esther Vivas (altermundista española) sobre las alternativas a la crisis actual, ser antisistema hoy, las causas de la crisis alimentaria, la especulación financiera con las materias primas, las respuestas desde los movimientos sociales y el papel de la mujer como motor de cambio.

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